miércoles, 07 de diciembre de 2022

I Reunión de Agentes de Viajes LA, Egipto. TERCERA PARTE

 

 

I Reunión de Agentes de Viajes Latinoamericanos, Egipto 2009 TERCERA PARTE

“Egipto, no hay nada igual”

Atractivos turísticos que visitamos:

El Templo de Kom Ombo, las dos caras de la divinidad

Aproximadamente cuarenta kilómetros al norte de Asuán y a escasos metros de la orilla del Nilo, en la ribera Este, se erige el templo de Kom Ombo, destacado sobre un pequeño montículo de piedra y arena. No sólo su suprema arquitectura ptolemaica resulta sobresaliente: también los mitos que fueron tejiéndose en torno a su construcción, y a su destrucción.

 

 

 

 

 

El Templo de Kom Ombo fue edificado durante el reinado de Ptolomeo VI Filométor, y es el único templo doble del Antiguo Egipto. Dos pilonos, dos entradas, dos salas hipóstilas, dos patios y dos santuarios: el lado izquierdo consagrado a la tríada de Sobek,el dios cocodrilo; y el sector derecho, en honor de la tríada de su hermano Horus, el dios halcón.

 

 

 

 

 

Sobek, la encarnación del mal, fue divinizado por la abundancia de cocodrilos que habitaban esa zona del Nilo. Como contrapartida, se dedicó a su benévolo hermano la mitad del templo. El estado de destrucción actual que presenta fue, según el mito, responsabilidad de Sobek. Al obligar a Horus a abandonar el pueblo, también propició que los habitantes de la región migraran, siguiendo a su bienamado dios. Para contrarrestar este efecto inesperado, el dios cocodrilo resucitó a los muertos, pero ellos en lugar de construir, destruían, y sembraban arena en vez de trigo.

 

 

 

 

Es destacable cierto parecido del templo con conjuntos arquitectónicos de Grecia y Roma. Esto se explica porque las técnicas que se aprecian en Kom Ombo se inspiran en las utilizadas en Babilonia, que a su vez serían empleadas por griegos y romanos retomando las técnicas observadas en Egipto.

 

 

 

 

 

 

Generalmente, las visitas a Kom Ombo se realizan en convoy, en el camino recorrido desde Assuán hasta Luxor. Entre una de las murallas del templo y el cauce del río Nilo se extiende un mercado de recuerdos y souvenirs con numerosos modelos a escala e interesantes piezas relacionadas al culto de Sobek y Horus.

 

 

 

 

 

 

Edfu, el templo de Horus, el Dios Halcón

El templo de Edfú es el templo que mejor se ha conservado a través de los años. Una visita impostergable para conocer y apreciar las costumbres de los antiguos egipcios, sus ritos a los dioses y las muestras de arte dedicadas a ellos.

Edfú es el nombre árabe de una ciudad egipcia situada 90 kilómetros al sur de Luxor, en la ribera occidental del río Nilo. El amplio valle en que se asienta es un lugar óptimo para la supervivencia humana, ya que se encuentra a salvo de las inundaciones causadas anualmente por la subida del río.

 

 

 

 

Allí se encuentra el templo dedicado a Horus, el dios halcón, diseñado por Imhotep, quien también tuvo a su cargo la construcción de la Pirámide Escalonada de Sakkara. Las obras comenzaron en el año 237 a.C., durante el reinado de Ptolomeo III Evérgetes I. Para el año 212 a.C., el interior del templo había sido concluido, bajo el dominio de Ptolomeo IV Filopátor, y en 142 a.C. fue decorado por Ptolomeo VIII Evérgetes II. Finalmente, en 57 a.C. pudo darse por terminado, al ser colocadas las puertas.

 

 

 

 

 

El templo consta de dos salas hipóstilas, la primera de las cuales –también llamada pronaos– contiene doce columnas decoradas con figuras vegetales en la parte inferior. Allí se encuentra la estatua de Horus con doble corona. Incluye también cuatro salas menores, destinadas a las ofrendas secas, las ofrendas líquidas y el laboratorio. En éste último, las paredes exhiben escenas que instruyen acerca de la preparación de los productos a utilizar en las ceremonias.

En el corredor exterior, entre el templo y el recinto amurallado, se encuentran inscripciones religiosas y otras que hacen referencia a la construcción del templo.
En el muro externo se leen los nombres de los gobernantes del Alto y el Bajo Egipto.

 

 

 

El Valle de los Reyes, en Luxor

Sobre la ribera occidental del río Nilo, en la región del Alto Egipto, Luxor exhibe con esplendor un conjunto funerario que pertenecía a la necrópolis tebana. Conocido como el Valle de los Reyes, allí se encuentran las tumbas de algunos de los más famosos faraones de la época.

En total, 62 recintos albergan los cuerpos de quienes alguna vez reinaron sobre el gran imperio egipcio. A lo largo de todo el año, las autoridades alternan las tumbas que se encuentran disponibles para ser visitadas. Esto contribuye a la conservación de los yacimientos, ya que permite la restauración simultánea de algunos de ellos además de preservarlos de un excesivo nivel de exposición al turismo.

Por el mismo motivo, tomar fotografías en el interior de las tumbas no está permitido. Las maravillas que se encuentran allí son tesoro exclusivo de quienes pueden ingresar, y habrá que estar bien atentos para guardar un recuerdo del antiguo imperio en la retina. Así que si tienes la oportunidad de realizar este viaje fascinante, no pierdas ni un detalle.

Durante un período que se inició en la 18ª dinastía y concluyó con la 20ª, los faraones egipcios decidieron abandonar el área de Menfis, tradicionalmente utilizada para construir recintos funerarios, y guiaron su atención a las tierras de Tebas. Asimismo, dejaron atrás las pirámides: llegó el auge de las tumbas excavadas en piedra caliza, con tres corredores, una antecámara y una cámara mortuoria.

Este es el patrón seguido por las construcciones del Valle de los Reyes. Entre sus más destacadas tumbas se encuentra la de Ramsés IV. Los techos de las cámaras representan imágenes de la diosa Nut, mientras que el sarcófago de granito rosado muestra escenas que incluyen a Isis y a Neftis, encargadas de velar por el cuerpo del faraón.

Otras importantes y muy visitadas tumbas son la de Ramses III, en Medinet Habu, la más grande de todo el valle; las de Tutmosis III y Amenhotep II, ambas en el Templo de Seti I, en Abydos; y, desde luego, el templo de Tutankamón.

Los colosos de Memnón

Medinet Habu, conocida como la Karnak de la orilla oeste, cuenta con templos y restos arquitectónicos y funerarios preciadísimos. Situada frente a Luxor, sobre la costa occidental del Nilo, fue durante varios siglos el centro administrativo y económico de la región tebana. Entre otras tantas atracciones turísticas, es lugar de emplazamiento de los colosos de Memnón, el único fragmento que se mantiene en pie del templo funerario de Amenhotep III.

Con sus 18 metros de altura, las estatuas conocidas como “los colosos de Memnón” impactan por la magnificencia característica que las grandes dimensiones de las imágenes humanas brindan a muchas de las piezas arquitectónicas egipcias. Fueron tallados sobre bloques traídos desde Gebel el-Ahmar por orden de Amenhotep III. Flanqueaban la entrada del templo funerario del faraón, cuyas proporciones también eran extraordinarias. Están orientados hacia el este y representan a su arquitecto y en ese entonces rey de Egipto. A ambos lados se encuentran las imágenes de la reina Mutemuia y la esposa Tiyi.

En la antigüedad cobraron fama por una anécdota peculiar. El coloso ubicado a la derecha emitía un sonido durante cada salida del sol. Los griegos, encabezados por Estrabón, dieron cuenta de este fenómeno y propagaron la leyenda de los Colosos de Memnón. Según esta, el llamado coloso parlante representaba en realidad al mítico guerrero Memnón –de allí el nombre con que conocemos a estas piezas de Amenhotep III–. Hijo de Aurora, muerto por Aquiles, Memnón saludaba todas las mañanas a su madre, mientras aparecía sobre el horizonte. El lugar se transformó en destino de peregrinación de viajeros ilustres, que se trasladaban hasta allí para presenciar el fenómeno.

En realidad, ocurrió que un terremoto en el año 27 d.C. provocó el desmoronamiento de la parte superior de la estatua. Se produjo así una grieta que llegó hasta la cintura, y cuando los rayos del sol calentaban la piedra ésta producía el sonido que los griegos oyeron. Septimio Severo, a principios del siglo III, ordenó la restauración del coloso, poniendo fin a esta rareza.

Luxor

Luxor es una de las principales ciudades turísticas de Egipto. Se caracteriza por ser hogar de numerosos templos y de tumbas faraónicos. Está ubicada en el Alto Egipto, a uno y otro lado del río Nilo. En el pasado fue parte de la ciudad de Tebas, capital del Antiguo Imperio.

Luxor es en verdad una voz árabe, que significa “los palacios”, muestra de lo maravillados que quedaban los primeros viajeros provenientes de Arabia al observar la gran cantidad de ruinas y monumentos de la ciudad.

Para viajar a Luxor hay que tener en cuenta especialmente sus altas temperaturas, que pueden alcanzar los 50º C en verano, aunque incluso en invierno suelen ser muy elevadas.

 

 

 

Las dos maneras principales de llegar son por aire, hasta el Aeropuerto Internacional de Luxor, situado unos 6 kilómetros al este del centro; y por tierra, sobre todo en tren. La estación de trenes de la ciudad se encuentra en la Plaza El-Mataba, en el corazón de la urbe moderna. La comunica con Asuán, Cairo, Edfu y Kom Ombo.

Pero imaginemos que ya estamos allí: ¿qué lugares no podemos perdernos? Pues la verdad es que hay tanto que ver en Luxor que una visita debería durar al menos unos cuantos días para que no nos queden cosas importantes sin conocer.

 

 

 

El Templo de Luxor es su monumento por antonomasia, aunque no es el único. El Templo de Karnak es otro de los lugares destacados. Ambos se encuentran sobre la orilla este del Nilo, al igual que sus dos principales museos: el Museo de Luxor y el Museo de la Momificación.

Del lado opuesto, no hay menos maravillas que admirar. Los Colosos de Mnemón, el Valle de Luxor (necrópolis), el Templo de Hatshepsut, el Templo de Ramsés III, el famosísimo Ramesseum (o Templo de Ramsés II) y el Templo de Esna.

 

 

 

 

El templo de Luxor

Junto a la pierna derecha de las impresionantes estatuas sedentes de Ramsés II, la reina Nefertari fue representada vistiendo como la diosa Hathor. Este es uno de los muchos indicios presentes en el templo de Luxor que nos muestran la estrecha vinculación que los egipcios establecían entre sus gobernantes y sus los dioses, asociación que resultaba ser la base del poder político en Egipto.

 

 

 

 

 

Muchas otras inscripciones reflejan esta condición sagrada atribuida a los faraones egipcios. En el lado oeste del templo, al que se accede desde la sala hipóstila, se encuentra la estancia del nacimiento, decorada con relieves que narran la concepción, el embarazo y el nacimiento divino de Amenhotep III, resultado de la unión del dios Amón con su madre Mutemuia.

 

 

 

 

 

También desde la sala hipóstila es que se alcanza la sala de ofrendas, que está decorada con imágenes religiosas en honor de Amón y Min. El santuario, otro de los recintos con salida a la sala, fue construido por Amenhotep III. Allí aparece representado Alejandro Magno, ante Amón. Fue él quien construyó el depósito de barcas.

 

 

 

 

 

Dedicado a Amón, el templo de Luxor estaba fuertemente relacionado con el templo de Amón en Karnak, a cuatro kilómetros de distancia, del cual dependía. Su función principal era la de destino de la procesión que cada año, durante la fiesta de Opet, tenía origen en el templo de Karnak, que Amón abandonaba para encaminarse a través de la avenida de las esfinges. Esta procesión de las barcas sagradas está inmortalizada en los relieves de los muros exteriores, que representan el viaje hacia Luxor y el regreso.

 

 

 

 

 

En el centro del patio principal, las tres capillas construidas por Hatshepsut y Thutmose III fueron decoradas posteriormente por Ramsés. Dedicadas a Amón, Mut y Jonsu, servían como almacén de las barcas sagradas.

 

 

 

 

 

 

El templo de Karnak

El primer pilono –correspondiente a la primera muralla que rodea el conjunto de Karnak– da paso al primer patio, en el que se encuentran todas las estructuras originales en pie, excepto el Quiosco de Taharka. De él sólo queda una columna de las diez papiriformes que lo constituían.

 

 

 

 

 

 

A la izquierda se encuentra la Capilla tripartita de Seti II, destinada a las barcas sagradas. Como su nombre lo indica, está dividida en tres naves: la central albergaba la barca de Amón, la izquierda la barca de Mut y la derecha la de Jonsu. Frente a ella fue situada una esfinge con el rostro de Tutankamon

 

 

 

 

 

 

A la derecha, flanqueado por dos estatuas de quien le dio su nombre, se halla el Templo de Ramsés III. Podría describirse como un modelo a escala menor de su gran templo, situado en Medinet Habu.

 

 

 

 

 

 

Desde este patio se accede al exterior en el que fue instalado el museo al aire libre. Allí pueden contemplarse bloques pertenecientes al templo que cuentan con inscripciones de gran valor informativo. Además, se encuentran en el museo las capillas de Sesostris I, Amenhotep I, Amenhotep II y la Capilla Roja de Hatshepsut.

 

 

 

 

 

 

No puedo finalizar este reportaje sin dejar de agradecer profundamente al Señor Mohamed Abdou por haberme tomado en cuenta en participar en su I Reunión Anual de Agentes de Viajes Latinoamericanos, darle las más expresivas gracias por todas sus atenciones y sobre todo por haber escogido este medio para que su encuentro y su destino tan exuberante y maravilloso, sean difundido en toda América.

Lógico que el objetivo principal de Golden Nile, fue dar a conocer a un exclusivo grupo de agentes de viajes de América, sus excelentes servicios y que se devolvieran a sus diferentes países convencidos de vender un producto de calidad, aspecto que lograron con éxito. 

Por último, quiero dar un cariñoso agradecimiento a Shaimaa Magaly, Tour operadora de Golden Nile por sus especiales atenciones y a mis queridos guías, Mohamed, Tito y Mito,…. excelente trabajo muchachos, son lo máximo, muchas gracias por todo lo que me enseñaron y aprendí con ustedes.

Un abrazo fraterno a todos!!!!!!

CONTINUA GALERIA DE FOTOS!!!!!!!!

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“Egipto, no hay nada igual”

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